Santa Julia amplía su oferta de vino en lata

Actualizado: oct 22


Las tres nuevas latitas de Santa Julia

El primer paso fue el Chenín Dulce Natural, con esa "etiqueta" fue que la Bodega Santa Julia ingresó al mercado local del vino en lata el año pasado, justo en el momento en que ese formato comenzó a multiplicarse en las góndolas de vino. Al mismo tiempo, lanzó en el mercado exterior otras etiquetas, como el Santa Julia Orgánica Rosé, y la buena noticia es que ahora, con opciones nuevas o que hasta ahora solo estaban destinada a la exportación, hay más latas para elegir en la Argentina: Tintillo, Santa Julia Orgánica Rosé y Santa Julia Dulce Tinto son las novedades en formato 269 ml.


“Luego de los buenos resultados que obtuvimos con el Santa Julia Chenín Dulce natural, hemos decidido dar un paso más. Estamos comprometidos a dar respuesta a los nuevos desafíos que debe enfrentar el vino argentino, entre los cuales se encuentran llegar al consumidor en formatos más portables y que permitan el consumo individual en ocasiones mucho más informales. Adicionalmente, consideramos que la lata se adapta perfectamente a nuestra filosofía de cuidado del medio ambiente, ya que es un envase que permite un reciclaje mucho mayor”, comentó Juan Ignacio Guzmán, Marketing Manager de Bodega Santa Julia.

El precio de las latas de Tintillo, Tinto Dulce y Rosado Orgánico es de $125, mientras que el del Chenín Dulce es de $160

¿Qué decir de los vinos? Probamos el Tintillo y el rosado, y la verdad es que ambos se adaptan muy bien al formato lata, pues se trata de vinos jóvenes, sin paso por madera, en los que la lata no molesta ni introduce ningún sabor extraño. Además, siendo vinos que se toman fríos (el rosado, que es un rosado de Malbec) o frescos (el Tintillo, que es un corte de Malbec-Bonarda elaborado por maceración carbónica), la lata colabora con la posibilidad de bajarles la temperatura rápido. El Tinto Dulce no lo probamos, pero es un 100% Bonarda.


En todos los casos, se trata de vinos ideales para un picnic, para un aperitivo, para comidas simples, y para cualquier situación en la que sea mucho más cómodo llevar una lata y no una botella. Quizás los más puristas se espanten de la sola idea de tomar vino directo de la lata, sin copa de por medio, pero tratándose de vinos simples, que hacen foco en la frescura, esa opción no representa mayores inconvenientes. Es cuestión de costumbre. Y, claro, servirlos de la lata a la copa también es una opción.

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